Introducción al libro
«Juan Pablo II y los movimientos eclesiales.
Don del Espíritu»
, de Germán Doig

 

Cardenal James Francis Stafford
Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos

Germán Doig ha realizado un gran servicio. Ha presentado con claridad analítica la enseñanza del Papa Juan Pablo II sobre los movimientos y asociaciones al interior de la Iglesia católica. Tres discursos pontificios dados en preparación o con ocasión de la Solemnidad de Pentecostés de 1998 en Roma constituyen el centro de su presentación. Pero no circunscribe sus reflexiones a estos documentos, que representan sólo el punto de partida. Doig proporciona un resumen sucinto de la enseñanza del magisterio de la Iglesia acerca de las nuevas manifestaciones de los carismas del Espíritu Santo en los grupos laicales.

Doy la bienvenida a esta obra. Se necesita. Será de utilidad a obispos, sacerdotes y laicos en todo el mundo. Particularmente provechoso será su tratamiento de los motivos del desarrollo de los movimientos en la Iglesia hoy, es decir, en esta particular coyuntura de la historia. Se trata de un asunto clave. Incluso el Concilio Vaticano II y el Sínodo de los Obispos de 1987 lo pidieron. El mismo Papa volvió sobre ello con ocasión de la reunión de Pentecostés de 1998.

Por lo menos en diez lugares distintos de su breve libro, Doig habla del significado de este nuevo fenómeno hoy en día, en el mundo contemporáneo. Al hacerlo, destaca indirectamente las necesidades espirituales del laicado católico en las culturas contemporáneas, muchas de las cuales no están siendo satisfechas. Las expectativas que surgen de estas necesidades y los retos que se presentan a la Iglesia en el mundo han llevado a muchos fieles laicos a reunirse en grupos nuevos. Sus preguntas y respuestas reales ilustran las formas peculiares que puede tomar la Nueva Evangelización, «nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión»[1].

Muchos acogerán también con beneplácito las reflexiones de Doig sobre varios temas eclesiológicos suscitados por los nuevos movimientos y asociaciones: la primacía de la iniciativa del Espíritu Santo, las relaciones del individuo con la comunidad, de la comunión eclesial con la misión y de los carismas con la institución. El acento que pone en el sacramento del Bautismo como fundamento de la espiritualidad laical es concorde con la enseñanza del Papa Juan Pablo II: «No es exagerado decir que toda la existencia del fiel laico tiene como objetivo el llevarlo a conocer la radical novedad cristiana que deriva del Bautismo, sacramento de la fe»[2].

La experiencia pastoral indica que la pérdida de la memoria de la iniciación bautismal ha llevado a la pérdida de la identidad católica entre los fieles de Cristo. Una condición para la renovación es una catequesis que reactualice el asombro ante la transformación operada en el Bautismo. La mayoría de los fundadores de las nuevas asociaciones y movimientos laicales comprenden la centralidad de esta sencilla capacidad de asombro para la experiencia cristiana de la fe.

Para percibir el abismo que ha surgido entre la realidad del Bautismo y la experiencia que se tiene de él entre los cristianos laicos de hoy se deberían leer las homilías catequéticas de los Padres de la Iglesia. El asombro que expresan ante la “nueva creación” realizada por el Bautismo contrasta intensamente con la incomprensión y el olvido actuales.

Al contemplar una procesión de los recién bautizados desde el baptisterio a la Iglesia, San Ambrosio de Milán se deja conducir por la Primera Epístola de San Pedro y describe la admiración de los ángeles ante el renacimiento cristiano por medio del agua y del Espíritu: «Os falta aún venir al altar. Comenzáis a andar vuestro camino. Los ángeles os ven. Os vieron cuando llegasteis y vieron la naturaleza humana, que antes estaba toda manchada de fealdad, brillar repentinamente con fulgor resplandeciente. Y entonces [los ángeles] exclamaron: “quién es este que viene del desierto vestido de blanco”. Por eso también los ángeles están extasiados en admiración»[3]. San Ambrosio entiende el Bautismo como una participación en la Ascensión de Cristo sobre los coros angélicos.

El énfasis que pone Doig en el Bautismo presupone una huella del asombro angélico. La realidad de lo que obra por etapas el complejo rito bautismal debe volver a llenar de asombro y esperanza los corazones del laicado de hoy. Se necesita un resourcement de los antitipos y tipos bíblicos (como los que nuestros ancestros romanos crearon en los mosaicos del siglo V en la patriarcal basílica de Santa María la Mayor, en Roma) que están en la base de los ricos signos escriturísticos de la iniciación cristiana.

Una condición importante para resonar con los antitipos de estos tres sacramentos (Bautismo, Confirmación y Eucaristía), es el redescubrimiento de las dimensiones cósmica e histórica de la iniciación del laico en el evento de la Pascua de Cristo. El Concilio Vaticano II, insistiendo sabiamente en el resourcement y en el aggiornamento, alentó el resurgimiento de los estudios bíblicos en conjunción con las enseñanzas de los Padres de la Iglesia: «La Esposa del Verbo Encarnado, es decir, la Iglesia, enseñada por el Espíritu Santo, se esfuerza en acercarse a una inteligencia cada vez más profunda de las Sagradas Escrituras, para alimentar continuamente a sus hijos con las divinas enseñanzas; por lo cual fomenta también convenientemente el estudio de los Santos Padres, así del Oriente como del Occidente, y de las Sagradas Liturgias»[4].

El Papa convoca a una firme proclamación del Evangelio por parte de los laicos en el mundo. Ellos son conscientes de lo que sucede en el mercado, en la política, en el mundo académico, y en el matrimonio y la familia, y pueden discernir los signos allí presentes. Doig ha colaborado a nuestra comprensión de la extraordinaria contribución de los nuevos movimientos laicales hoy.

Publicado en Germán Doig K., Giovanni Paolo II e i movimenti ecclesiali. Dono dello Spirito, Elledici, Turín 1999, pp. 5-8.


[1] Juan Pablo II, Alocución al CELAM, Puerto Príncipe, 9/3/1983, III.
[2] Juan Pablo II, Christifideles laici, 10.
[3] San Ambrosio de Milán, De sacramentis, II,5.
[4] Dei Verbum, 23.

 

 

VE enero-abril de 2002, año 18, No. 51

© Vida y Espiritualidad

Página principal

Contenido