| Semblanzas
homiléticas sobre Germán Doig [*]
Tómense su vocación
tan en serio
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Excelentísimo Señor Nuncio Apostólico, Mons. Rino Passigato. Quiero hacer mención especial de los Señores Arzobispos y Obispos que nos acompañan hoy y que han venido de otros países: al Excelentísimo
Señor Arzobispo de Cali[1], Ya este número de obispos y todos estos sacerdotes que nos acompañan nos hablan de alguna manera de los frutos de la vida de Germán. Muy querido Luis Fernando y muy queridos todos, miembros del Sodalicio; hombres, mujeres, solteros, casados, religiosos: Hoy en esta iglesia todo nos habla de Germán. Nos damos cuenta de que un mes es muy poco para poder tener la dimensión de la vida de una persona. La vida de quienes se han entregado a Dios de una manera ejemplar va cobrando tamaño con el tiempo. El tiempo no los hace más pequeños, sino más grandes. Por eso digo que en un solo mes encontramos que estamos aquí reunidos en esta iglesia con una paz muy grande, con una serenidad muy grande, casi diría con un gozo muy grande, porque todos los que hemos conocido la vida de Germán, unos más que otros, nos damos cuenta, en primer lugar, de que este gesto de la Providencia de Dios podemos considerarlo como un detalle de particular cariño. Un hombre joven, un hombre con una vida entera por delante, un hombre que era el brazo derecho de Luis Fernando, y el Señor, como buen Padre, lo recoge y se lo lleva a su presencia. Eran, no recuerdo exactamente, 25 años más o menos desde su ingreso al Sodalicio. Es decir, en 25 años, en 43 años de vida, ya era un fruto maduro para Dios. Por eso este gesto de Dios cada uno tiene que meditarlo. El Señor, cuando de una manera tan especial escoge a alguien y se lo lleva en la plenitud de la vida, y se lo lleva de esa manera serena, discreta, silenciosa, los demás tenemos que acercarnos al Señor con fe y decirle: muéstrame, Señor, tu rostro; enséñame a entender tus caminos. Éste es el sentido de la fe. Por eso, en primer lugar, estoy seguro de que, siendo Germán tan apostólico, desde el cielo nos dirá a todos: aprovechemos esta circunstancia. Junto al recuerdo, junto al lógico dolor, junto a su ausencia, nos dirá él: aprovechen esta circunstancia. Este gesto del Señor nos obliga a todos a apurar el paso, como nos está invitando el Santo Padre en la Carta del inicio del tercer milenio. El Papa nos está diciendo: aprieten el paso, se acercan momentos maravillosos. De manera especial me permito decirles a todos ustedes que forman parte de esta familia joven, numerosa, madura, fiel, apostólica, seria, me atrevo a decirles: tómense su vocación tan en serio como se la tomó Germán. Desde el primer día hasta el último, Germán se tomó en serio su vocación. Desde el primer instante, siendo generoso al llamado de Dios, adquirió una madurez, una entrega sumamente fiel. Por eso, medítenlo de manera especial: este gesto del Señor requiere de una respuesta. [...] Lo habremos meditado mil veces, lo habremos escuchado muchas otras. Igual que el camino de un sacerdote, de un obispo, de una ama de casa: esa llamada universal a la santidad, pero que plasmada en el espíritu del Sodalitium tiene la confirmación de un fruto maduro. Por lo tanto, vivid con delicadeza todos los aspectos de la vocación. También su muerte repentina, su tránsito al cielo, es un exigente aliento a esas palabras tan bonitas del Papa: Duc in altum! ¡Mar adentro! Me comentaba Luis Fernando en estos días, que en ese coloquio que tuvo con él el día anterior por la noche, le decía: «Todo lo que hemos soñado Dios nos lo ha concedido ya. Es tiempo de desplegarnos». [...] Por eso, como Pastor de la Arquidiócesis, al agradecerte, Luis Fernando y, en tu nombre, a todos y a todas, les digo: ¡Ánimo! ¡Mar adentro! ¡A desplegarse! ¡A una acción evangelizadora audaz, optimista, alegre, sin miedo a la adversidad, con la fuerza de la oración! Ese aliento, ese exigente aliento es el que yo, sin participar de esa vida diaria del Movimiento, podía ver en la vida de Germán. Un hombre exigente pero al mismo tiempo convocador, alegre, discreto, sencillo. Y también, en tercer lugar, me atrevo a decirles que es una invitación a la fidelidad y a la madurez. Fidelidad al propio carisma, fidelidad que el Papa nos está señalando a toda la Iglesia en el mundo, cuando nos dice: busquemos el rostro de Cristo. No hacen falta muchas palabras, hace falta la experiencia del encuentro cara a cara. Ese encuentro, esa experiencia de buscar el rostro de Cristo, esa contemplación para completar la acción, esa contemplación que nos lleva a la acción, esa contemplación que genera esa fuerza arrolladora de ser evangelizadores. Todo esto es parte de esa fidelidad. Fidelidad en la constancia en la oración. Fidelidad, lo vemos en estos días, en la Cuaresma. Hermanos, cuando recordamos a Germán, no queremos hacer de él un hombre tan bueno y tan perfecto que sea inaccesible. No. Germán combinaba esto con una sencillez, con una humildad, no del que dice “soy humilde”, sino del que lo muestra siendo servicial, discreto, siempre en su sitio. ¡Qué difícil es estar siempre en su sitio! [...] De un libro suyo sobre los movimientos he recogido una frase del Papa Juan Pablo II: «Hoy ante vosotros se abre una etapa nueva: la de la madurez eclesial... La Iglesia espera de vosotros frutos “maduros” de comunión y de compromiso». Me atrevo a decirles que estamos en esta situación: un fruto maduro de este Movimiento joven, de esta Sociedad pujante nacida en Lima, con adversidades, con incomprensiones, pero que se ha abierto camino con la oración, con la fidelidad, con la entrega, y va teniendo abundantes vocaciones. [...] Ese hacer de apoyo al Fundador, ese viajar como Coordinador a todos los países a los que tenía que ir, ese pasar etapas en Roma conociendo Cardenales, obispos, haciéndoles ver la realidad madura de este Movimiento, todo esto hizo de Germán ese siervo bueno y fiel. Si no, no sería así, no habría esta respuesta, no estaríamos todos los que estamos aquí reunidos. Nos convoca él. [...] Convoca por su bondad. Cada uno lo recordará con un matiz diferente, pero todos lo recordaremos como ese hombre alegre, sencillo, firme, fiel. No he querido tocar todo su trabajo de evangelización de la cultura. Un hombre de un pensamiento cristiano maduro, con verdadera pasión por afrontar los retos de todos estos fenómenos culturales. Vamos a pedirle a nuestra Madre, la Virgen, a la que él quería con especial ternura, a nuestra Madre de la Reconciliación, a nuestra Madre de la Civilización del Amor, vamos a pedirle a Ella: ayúdanos a seguir ese camino. No es fácil, pero queremos ser hijos fieles de la Iglesia, queremos vivir esa comunión con Cristo, en Cristo, por Cristo, queremos ser esos apóstoles del siglo XXI que son testigos, que son Cristo que pasa, Cristo vivo. [...] Pueden estar totalmente seguros de que la Iglesia los mira con cariño, que el Papa los contempla con cariño y que la Virgen les dice el secreto para que todo esto fructifique: sigan esa huella de ese hermano suyo, la humildad. La humildad de María, ese hacer lo que debe y estar en lo que se hace. Una fórmula que parece pequeña, pero ahí está el sello de las obras de Dios en las almas. Podríamos hablar de Germán horas, la verdad, pero siempre con una serenidad y con una paz muy grandes. Yo y algunos de estos hermanos estuvimos en Roma en esos días y por eso pudimos cumplir ese deber de piedad, aunque confiamos en la misericordia del Señor y sabemos que Germán estará descansando en esa gloria eterna, de rezar por su alma. Lo encomendamos, pero con ese gozo profundo de saber que él ya dio el salto. Y por eso, que cada uno de nosotros reflexione: toda la vida es una preparación para ese encuentro con el rostro de Cristo. [...] Quisiéramos encontrarnos todos juntos en ese gozo eterno, ahí darnos un abrazo eterno. Pero, por ahora, él se nos fue, y nosotros a seguir trabajando. Así sea. |
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Diversos Pastores han
pronunciado homilías en las que se han referido a la vida
de Germán Doig Klinge, así como a sus obras. En ellas
se pueden encontrar trazos testimoniales de miembros de la Jerarquía
que lo conocieron e incluso trabajaron conjuntamente con él
al servicio de la Iglesia. En estas páginas se publican partes
de algunas de dichas homilías como una contribución
a unas semblanzas sobre Germán. Al publicar estas
semblanzas la revista «VE» desea dejar expresa constancia
de que en modo alguno pretende adelantarse al juicio de la Autoridad
eclesiástica. |