| Semblanzas
homiléticas sobre Germán Doig [*]
Insistencia en la espiritualidad[*]
|
|
|
Suelo hacer una referencia al Evangelio, pero por esta vez voy a hacerla muy directa, porque hay una concentración de distintos aspectos y realidades que hoy día no podemos dejar de tener en cuenta. Me voy a referir de un modo especial a Germán Doig. [...] El aspecto que quiero resaltar es el hecho de que, además de cumplirse el tercer mes del momento en que Dios dispuso que nuestro hermano Germán Doig fuese ya a la Casa del Padre, hoy día, si hubiese estado con nosotros, lo hubiéramos acompañado en los 20 años de su profesión perpetua. Él murió joven —a los 43 años— y hace 20 años —iba a cumplir 24— hizo su profesión perpetua dentro del Sodalitium Christianae Vitae. Era Vicario General de Luis Fernando Figari, que fundó el Sodalitium Christianae Vitae y el Movimiento de Vida Cristiana. Y él, por su parte, fundó el Instituto Vida y Espiritualidad y la revista «Vida y Espiritualidad, VE». [...] Estuve con Germán en Santo Domingo, porque fue invitado a participar en la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano. Éramos amigos. No tenía un trato continuo con él, pero sí lo conocí bastante, y ustedes ya saben todas las cualidades humanas y espirituales que tenía, en las cuales no quiero alargarme. Pero incido en esto de la espiritualidad. Nosotros estamos en esta vida, y ¿qué es la vida? Hay alguno que piensa: “Estoy existiendo —fácilmente lo relacionamos con el tiempo—, tengo tantos años”. Pero eso no expresa bien, no expresa ni con mucho lo que significa la vida que Dios nos ha dado. Yo tengo 84 años. ¿Qué significa que tenga 84 años? ¿Que he dado 84 veces la vuelta alrededor del sol? [...] Pero en lo que me fijo es en la parte espiritual. Treinta, cuarenta, cien años, ¿qué son? Fíjense, llegada tal edad, termina la vida y ha muerto. ¡Ha muerto! ¿Qué significa “ha muerto”? La vida espiritual, que es lo esencial en la personalidad, sigue existiendo. Después, cuando venga el fin de los tiempos —no se sabe cuándo será, quizás en miles de años—, sigue existiendo. No porque no estemos con el cuerpo dejamos de existir. Existimos, tenemos vida. Y entonces, ¿qué es lo más importante en la vida? Pues el espíritu, y eso lo captan ustedes mismos y los demás. ¡Dios mío misericordioso! Cuánto pido en este mismo momento por todos ustedes, para que sigamos con Dios. San Pablo tiene esta expresión —también San Juan— de ver a Dios «cara a cara», no en un ainigmati —cuando los espejos eran metales bruñidos y se veía confusamente—. ¡Ver a Dios cara a cara! De manera que nuestro hermano Germán, cuando decimos que ya ha muerto... no, perdón: el cuerpo está ahora descansando, pero el espíritu, que es lo principal y del cual él tanto se preocupaba, está con Dios, sigue existiendo. Y lo que él ansiaba [...] contemplarlo cara a cara. [...] Todo esto que deseamos tanto es la verdadera, profunda, íntima felicidad perpetua en Dios. Aquí en la tierra tenemos, sí —no puedo negarlo—, felicidad, pero mezclada con tantos problemas, tantas incomprensiones, tantas dificultades. En ese momento es ya la vida plena. Yo apreciaba mucho a Germán, entre tantas cosas por su insistencia en la espiritualidad; vida y espiritualidad. Porque nosotros, por la misma fuerza de nuestra materia tendemos a lo material, y hay que tender a lo necesario. Pero el sistema de comercialización, mucho más ahora con la radio y la televisión, nos presenta cosas nuevas, que parece que si no las tenemos no vivimos. Pero puede uno tener mucha felicidad interna en el espíritu sin tener todas esas cosas que nos presentan. No voy a negarles —repito— que son cosas agradables, pero no es lo pleno, ni es necesario para la vida. En cambio, sí es necesaria la espiritualidad. Y ya lo manifestó Germán tanto en sus escritos y en sus palabras, en sus textos y en su vida. Porque los que han conocido a Germán saben que él ha vivido lo que ha comunicado, por ejemplo su amor tan profundo a la Iglesia. Y ya para ir terminando, creo que en el Sínodo en el que participó en Roma —al que fue invitado especialmente por el Papa— tuvo una frase que la destacaron en «L’Osservatore Romano», donde decía que para responder a los desafíos del tercer milenio era necesaria una eclesiología de comunión, que nos vayamos uniendo: ¡comunión! Y dice Germán que es necesaria la reconciliación para que haya verdadera comunión. Esto da que pensar. Todos los amigos del Sodalitium, todas las personas que están aquí, sabemos que esta iglesia se llama de la Reconciliación. Podemos pensar que es un nombre como tantos, pero es un nombre mucho más profundo de lo que podría parecer al comienzo. Porque fíjense, el acto fundamental que Dios nos ha dado es la redención de Cristo —la llamamos también salvación o liberación—. [...] Pues bien, una de las expresiones de la salvación, de la redención, es la reconciliación. Expresa que ese acto que ha hecho Cristo, el acto salvífico, es el que nos reconcilia con Dios y con los hermanos. Reconciliarse con Dios: estábamos separados de Dios y nos vuelve a unir a Dios, y para unirnos a Él tenemos que tener amor a los hermanos, conforme acabamos de oír en el Evangelio de hoy cuando Cristo nos dice que la señal de los cristianos es amarse unos a otros. El amor meramente natural, humano, no es malo, con tal que no sea egoísta. Pero cuando ese mismo amor, sin dejar de ser natural, se eleva a lo divino, llegamos a la plenitud de lo que podemos tener. Ésa es la reconciliación con Dios y con el hermano. Termino pues, reiterando mi pedido a Dios, y voy a decirlo con sinceridad, por medio de Germán. Porque yo estoy convencido, siento, que Germán está con Dios; no está canonizado, pero está con Dios. [...] A Germán le pido que ya que estamos reunidos recordando su profesión perpetua y su tercer mes de unión con Dios, a todos los presentes y ausentes nos ayude para estar siempre unidos al Señor, agradeciendo a Cristo, que nos envió el Espíritu Santo para que nos vuelva el corazón de amor, bajo el amparo de Nuestra Madre María. Que Dios los bendiga. |
|
|
[*]
Diversos Pastores han
pronunciado homilías en las que se han referido a la vida
de Germán Doig Klinge, así como a sus obras. En ellas
se pueden encontrar trazos testimoniales de miembros de la Jerarquía
que lo conocieron e incluso trabajaron conjuntamente con él
al servicio de la Iglesia. En estas páginas se publican partes
de algunas de dichas homilías como una contribución
a unas semblanzas sobre Germán. Al publicar estas
semblanzas la revista «VE» desea dejar expresa constancia
de que en modo alguno pretende adelantarse al juicio de la Autoridad
eclesiástica. |