Semblanzas homiléticas sobre Germán Doig [*]

Entreguen a este hijo
en las manos del Señor[*]

 

Mons. Miguel Irizar Campos, C.P.
Obispo del Callao y Secretario General
de la Conferencia Episcopal Peruana

Hermanos sacerdotes; hermano Luis Fernando Figari; hermanos todos del Sodalicio de Vida Cristiana; hermanos todos que compartís el carisma común dentro de esta Familia.

Hoy debo hablar más con el corazón, y acompañarlos desde el primer momento con la oración, con la ayuda fraterna, de un hermano que os ha conocido desde siempre, que ha compartido también los momentos de esperanza, y a veces de cruz y de sufrimiento, en el caminar de vuestra propia familia espiritual. [...]

No vamos a buscar una respuesta humanamente razonable a un acontecimiento como éste, la partida inesperada de nuestro querido hermano Germán. Pero ponemos su vida y su tránsito a la Casa del Padre en el proyecto de Jesús, en el Corazón de Jesús, el Buen Pastor. Él lo ha encontrado maduro para este paso, como quien ha cumplido, para nosotros prematuramente, su tarea, el servicio y la misión que el Padre le confió, dentro de su hogar, dentro de vuestra familia del Sodalitium, dentro de la familia de la Iglesia.

Recuerdo muchos momentos de la vida de Germán y de muchos de ustedes, empezando por Luis Fernando. Recuerdo los momentos en que he recurrido a la ayuda fraterna de Germán para una colaboración, para un trabajo, para preparar un tema [...]. Por eso hoy, públicamente y ante todos ustedes, tengo que darle gracias a Germán —él no necesita ahora apuntarse esos méritos, porque está escrito en el Libro de la vida, en la Casa del Padre— por las veces que yo, como otros, hemos recurrido a él y él ha aportado su ciencia, su vocación, su servicio, con mucha humildad y con mucho espíritu realmente eclesial.

En ese sentido interpreto esa carta del Cardenal Stafford, Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, del que era miembro Germán Doig, y donde, como se nos ha dicho, ha colaborado con sus conocimientos, con su propio carisma, del que vive en una Sociedad de Vida Apostólica reconocida y aprobada por el Santo Padre. [...]

Desde la Iglesia que está en el Perú, y no sólo a título personal, como obispo del Callao, sino en nombre también de los obispos del Perú y de la Conferencia Episcopal, agradezco a Germán, y a todos ustedes, por la colaboración humilde, sacrificada, a veces no aparente, silenciosa, que dais a la Iglesia. [...]

Él realmente se ha conformado a Jesucristo desde su primera consagración bautismal, como todos nosotros. Es allí donde nacemos a la vida, nos identificamos con Cristo, y el Hombre Nuevo que es Jesús nos transforma en imagen suya. Él ha vivido, como muchos de ustedes, una experiencia familiar primero —aquí están sus hermanas, su familia—, una experiencia rica de familia cristiana. Ha tenido una formación religiosa, una formación en el Colegio Santa María. Y por los caminos de Dios ha sido de los iniciadores, con Luis Fernando, de este camino que es también un camino que Dios ha escogido para él y para muchos de ustedes, hombres y mujeres. Y ésa ha sido su segunda consagración, por esos compromisos, por esa consagración apostólica dentro de esta vida consagrada como laico, en esta Sociedad de Vida Apostólica. Una novedad y un carisma que ha surgido aquí en la Iglesia en el Perú, del cual damos gracias sinceramente. [...]

Cuántas veces en momentos de dificultad, de duda, de cuestionamientos, de pensamiento teológico, hemos recurrido a Germán, ustedes y yo, y otros muchos. Para él se acabó el tiempo de la búsqueda en la fe, del discernimiento, de la esperanza. Ahora solamente posee la caridad, porque posee a Jesucristo, al Padre, al Espíritu Santo. Y todo eso lo posee desde su experiencia mariana, desde su vocación de consagrado, que ha vivido en esta hermosa espiritualidad. [...]

Siempre que ustedes me presentan a la Virgen Inmaculada y Dolorosa, yo me encuentro muy cerca también de esa espiritualidad. Y hoy, sin duda, la Virgen Dolorosa está en esta iglesia de la Reconciliación. Ella perdió a su Hijo, y lo perdió violentamente en la Cruz. Ella se asoció a la muerte de su Hijo, nuestro Divino Redentor. Ella compartió el dolor de la muerte de su Hijo y a su vez su Hijo nos entregó y nos regaló a su Madre. Pienso que hoy la Iglesia Madre peregrina pierde aquí a uno de sus hijos, y vuestra familia religiosa, vuestra fraternidad espiritual, pierde también a uno de sus mejores hijos. Pero igual que María, entreguen a este hijo en las manos del Señor, para que su muerte sea siembra de vocaciones, siembra de santidad, y para la Iglesia sea también un fruto maduro de reconciliación y de comunión.

Ahora que vamos a ir a Roma, al momento en que el Papa presente y cree a los nuevos Cardenales, y entre ellos a nuestro Arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, yo pido, por medio de Germán, también para la Iglesia que está en el Perú y para la Iglesia universal, el don de la plena comunión, el don de esa riqueza plural de los carismas, que santifican y fecundan a la Iglesia de hoy, y le pido también, para todo el Perú, el don de la reconciliación personal, familiar, eclesial y social.

Y a la Virgen María, a la Inmaculada Dolorosa, pido para ustedes, para Luis Fernando, para vuestras familias, la familia de Germán, igualmente la paz, la esperanza, el consuelo, la serenidad. Nuestra oración y un abrazo de paz para todos.

Germán, tu vida ejemplar, el testimonio de tu vida, marcará a muchos jóvenes que te han seguido acá. Y será también una buena lección para los Pastores, para que con humildad perseveremos en la edificación de esta Iglesia que necesita el signo de la comunión, el signo del perdón, el signo de la reconciliación. Y todo esto nos es mucho más fácil desde el Corazón Doloroso de la Virgen María, Madre de la Iglesia y Madre de esta familia del Movimiento de Vida Cristiana y del Sodalicio de Vida Cristiana y de todo lo que está surgiendo como fruto de esta espiritualidad que el Señor bendice y que el Santo Padre ha reconocido para la Iglesia universal.

Que Germán Doig goce de Dios, viva de Jesús en la gloria del Padre, y que Dios nos dé a todos la alegría de la fe, el ardor de la esperanza y también el consuelo de la gracia, la fortaleza espiritual que nos hace falta a todos. Que el Señor los bendiga. Así sea.


[*] Diversos Pastores han pronunciado homilías en las que se han referido a la vida de Germán Doig Klinge, así como a sus obras. En ellas se pueden encontrar trazos testimoniales de miembros de la Jerarquía que lo conocieron e incluso trabajaron conjuntamente con él al servicio de la Iglesia. En estas páginas se publican partes de algunas de dichas homilías como una contribución a unas semblanzas sobre Germán. Al publicar estas semblanzas la revista «VE» desea dejar expresa constancia de que en modo alguno pretende adelantarse al juicio de la Autoridad eclesiástica.
[*] Homilía durante una de las Misas exequiales con ocasión del tránsito de Germán Doig, iglesia “Nuestra Señora de la Reconciliación”, Lima, 14 de febrero de 2001.

 

 

VE enero-abril de 2002, año 18, No. 51

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